
Theo Angelopoulos
Director de cine griego. Nació en Atenas, hijo de un pequeño comerciante, estudió Derecho en su ciudad natal y, después del servicio militar, se trasladó a París para estudiar con el antropólogo Claude Lévi-Strauss en la Universidad de la Sorbona. Realizó muchos y variados trabajos, y así, entró en contacto con el cine. Volvió a su país en 1964, donde trabajó como crítico cinematográfico para el periódico de izquierdas Dimokratiki Allaghi hasta su cierre en 1967. Después de fracasar en su intento de rodar un corto sobre un grupo de músicos pop, en 1968 consiguió realizar uno de 23 minutos, Ekpombi, nunca exhibido fuera de Grecia, en el que ya se vislumbraba el estilo del autor: utilización de tiempos muertos, de planos secuencia y alteración del eje cronológico, con dilataciones del ritmo espacio-temporal. Con Días del 36 (1972), primera parte de una trilogía que continuó con El viaje de los comediantes (1975), considerada su obra maestra, y Los cazadores (1977), Angelopoulos comenzó una reflexión crítica sobre la historia contemporánea de Grecia, concretamente sobre el periodo que terminó con la dictadura de los coroneles. Siguió Alejandro el Grande (1980), que ganó el León de Oro del Festival Internacional de Cine de Venecia. Marcello Mastroianni protagonizó dos películas suyas: El apicultor (1986) y Le pas suspendu de la cicogne (1991). Entre estas dos películas conoció a Tonino Guerra, con el que trabajó en Paisaje en la niebla (1988) y en la más reciente La mirada de Ulises (1995). En 1998 ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes con la película La eternidad y un día.Viaje a Citera
Taxidi sta Kithira
Dir: Theo Angelopoulos. Grecia. 1983. 137 minutes.
El Apicultor
O Melissokomos
Dir: Theo Angelopoulos. Greece/ France. 1986. 120 minutes
Un hombre de 60 años y regresa al oficio de su padre y de su abuelo: apicultor. A comienzos de primavera, carga 50 colmenas en un camión y viaja al sur hacia el Peloponeso. El viaje, es también un recorrido introspectivo explorando su conflictiva relación familiar.
Paisaje en la Niebla
Topio stin omichli
Dir: Theo Angelopoulos. Greece/ France/Italy. 1988. 126 minutes
Dos niños griegos en busca de un padre hipotético, inician una fuga hacia Alemania. Toman un tren y reencuentran, en el transcurso de su iniciático viaje, el bien y el mal, la verdad y la mentira, el amor y la muerte, el silencio y el verbo.
La Mirada de Ulises
Ulysses Gaze
Dir: Theo Angelopoulos. Greece/France/Italy/Germany. 1995. 176 minutes.
El pasado es, antes que un registro histórico, el punto de encuentro entre el individuo y su sociedad. Así parece entenderlo Theo Angelopoulos, cuya cinematografía intenta revelar esos misteriosos lazos entre la vida individual y la colectiva a partir de la memoria. La mirada de Ulises es, además, una película emblemática en este sentido. Se inicia con las imágenes de unas hilanderas tomadas supuestamente por los hermanos Manakis, pioneros griegos del cine. Emblemáticamente, esta búsqueda se inicia cien años después de la invención del arte más importante del siglo XX.
El enlace se produce a través de la figura de otro director imaginario (interpretado por Harvey Keitel) que inicia un recorrido por los Balcanes en busca de tres rollos perdidos de los mencionados hermanos. Este itinerario lo hará atravesar los lugares que, a fin de siglo, representan emblemáticamente el desmantelamiento de las utopías del siglo. De este modo, el origen y el fin se encuentran involucrados en una visión que llama a revisar el rol del artista en sociedad.
La Eternidad y un Día
Mia aioniotita kai mia mera
Dir: Theo Angelopoulos. Greece/France/Italy. 130 minutes
Alexander, escritor griego habitante de Tesalónica, tiene unos cuantos días de vida y enfrenta el dilema de morir como un extraño a sí mismo, o bien aprender a amar, a comprometerse y a expresarse con la gente que le es cercana. Tras optar por esta segunda vía, Alexander lee las cartas de Anna, su esposa fallecida, y cierra su casa en la playa. En Salónica, un día lluvioso, encuentra a la primera persona que le ofrece una oportunidad de cumplir su deseo de vida: un niño albanés al que Alexander ayuda a pasar la frontera. Más tarde, cuenta al niño la historia de un poeta griego que vivió desde la infancia en Italia y que, de regreso en Grecia, compraba palabras olvidadas para escribir sus poemas en su lengua natal. El niño de quien Alexander se ha responsabilizado, busca para él palabras y se las vende. Para el niño es un juego; para Alexander es la respuesta a su ansia de vivir a profundidad.
